El proyecto consiste en reutilizar la fibra óptica existente en la infraestructura con una mínima intervención en los extremos para instalar un sensor térmico distribuido (DTS), que permite medir la temperatura y sus variaciones con una precisión menor de 10 metros y 1 grado y un alcance de hasta 60 kilómetros para conseguir ese mapa térmico. Esta tecnología se utiliza desde hace una década en otros sectores, pero Indra es pionera en su aplicación al sector ferroviario, así como en autopistas y carreteras.