Según el acuerdo alcanzado, los nuevos teléfonos móviles portátiles, tabletas, cámaras digitales, altavoces portátiles, lectores electrónicos, teclados, ratones, sistemas portátiles de navegación y miniauriculares tendrán que estar equipados con un puerto de carga USB-C.

La norma entrará en vigor, previsiblemente, en el otoño de 2024 para todos los dispositivos y en el caso de los ordenadores portátiles tendrán de plazo hasta 2026.

Está norma traerá consigo un ahorro de recursos y de C02.

- Armonización del puerto de carga y tecnología de carga rápida.

El USB-C será el puerto común, lo que permitirá a los consumidores cargar sus dispositivos con el mismo cargador, independientemente de la marca del dispositivo. Respecto a la carga rápida, ayudará a evitar que los distintos fabricantes limiten injustificadamente la velocidad de carga y contribuirá a garantizar que la velocidad de carga de un dispositivo sea la misma con cualquier cargador compatible.

- Venta separada de cargadores y dispositivos.
Los consumidores podrán comprar los dispositivos electrónicos sin un cargador nuevo. De esta manera se limitará el número de cargadores no deseados adquiridos o que se quedan sin utilizar.

- Información más clara para los consumidores.
Los fabricantes tendrán que facilitar información pertinente sobre el rendimiento de carga, incluida información sobre la potencia requerida por el dispositivo y si admite carga rápida. Esto facilitará que los consumidores comprueben si los cargadores que ya tienen cumplen los requisitos de su nuevo dispositivo o les ayudará a seleccionar un cargador compatible.

¿Por qué es importante esta medida?

Según datos de la Comisión Europea, en 2020 se vendieron aproximadamente 420 millones de teléfonos móviles y otros dispositivos electrónicos portátiles dentro de la UE. Más de un tercio de los consumidores aseguraron haber tenido problemas debido a la incompatibilidad de sus cargadores en el mercado, gastándose aproximadamente 2.400 millones de euros anuales en adquirir nuevos cargadores. Al mismo tiempo, los cargadores eliminados y no utilizados son responsables de unas 11.000 toneladas de residuos electrónicos cada año.

Fuente